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Entrar en el estudio de Ramón de Arcos resultó ser salir a la luz. La luz de su generosidad personal a la hora de desvelar sin secretos, su tránsito autodidacta por la particular forma de mirar la realidad. La luz como forma de emocionar al espectador.

Tuvimos la posibilidad de acercarnos a sus cuadros acabados o en proceso de elaboración, pudiendo incluso tocar sus bocetos.
Sus explicaciones sencillas sobre su experiencia plástica, resultaron contundentes para ilustrar a nuestros alumnos sobre la motivación y el sentido del trabajo artístico.

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Nos introdujo en la parte más íntima, y menos accesible para el público a cerca del proceso creativo, un proceso donde la inspiración según sus palabras: “no es más que muchas horas de observación y trabajo”.
Su punto de vista personal nos conduce la atención hacia un motivo y encuadre originales, su forma de plasmar las imágenes a base de pinceladas sueltas y una búsqueda poética mediante la captación de momentos únicos por medio de la luz y las imágenes reflejadas.

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Su amabilidad y paciencia respondiendo todas las preguntas de nuestros alumnos , incluso las más vanales conformaron una experiencia didáctica pero también humana muy interesante.